Filed under: Teoría | Tags: comunismo, educación superior, lo imposible, New Left Review, Slavoj Zizek
Originalmente publicado en New Left Review 64 (2010). Versión abreviada tomada de Kasama. Traducido al español por Investigaciones Militantes.
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Slavoj Žižek
Un nuevo periodo
Una cosa está muy clara: tras décadas del estado benefactor, en el que los recortes sociales eran relativamente limitados y venían acompañados de la promesa de que todo regresaría pronto a la normalidad, estamos ahora adentrándonos en una época en que cierto tipo de estado de emergencia económica se está haciendo permanente: convirtiéndose en una constante, en un modo de vida. Trae consigo la amenaza de medidas de austeridad mucho más salvajes, recortes de beneficios, servicios educativos y de salud disminuidos y empleo más precario. La izquierda enfrenta la difícil tarea de enfatizar que se trata de economía política—que tal crisis no tiene nada de ‘natural’, que el sistema económico existente depende de una serie de decisiones políticas—teniendo además conciencia plena de que, mientras permanezcamos dentro del sistema capitalista, la violación de sus reglas efectivamente ocasiona el descalabro económico, pues el sistema obedece una lógica propia pseudo-natural. Así que, aunque claramente estamos comenzando una nueva fase de explotación intensificada, facilitada por las condiciones del mercado mundial (subcontratación, etc.), debemos también tener en mente que esto lo impone el funcionamiento del propio sistema, siempre al borde del colapso financiero.
Sería pues fútil aferrarse meramente a la esperanza de que la continua crisis tendrá un alcance limitado y que el capitalismo europeo seguirá garantizando un nivel de vida relativamente alto para un número creciente de personas. Extraño radicalismo, ciertamente, sería aquel cuya esperanza principal fuere que las circunstancias le continuasen haciendo inoperante y marginal. Es en contra de tal razonamiento que se debe interpretar el lema de Badiou, mieux vaut un désastre qu’un désêtre: mejor el desastre que el no-ser; hay que asumir el riesgo de ser fiel a un Acontecimiento, aún cuando ese Acontecimiento termine en ‘desastre oscuro’. El mejor indicador de la falta de confianza de la izquierda en si misma hoy es su miedo a la crisis. Una verdadera izquierda se toma las crisis en serio, sin ilusiones. Su entendimiento básico es que, aunque las crisis son dolorosas y peligrosas, son inevitables, y que son el terreno sobre el cual las batallas se tienen que luchar y ganar. Es por ello que hoy, más que nunca, es pertinente el viejo lema de Mao Zedong: ‘Un gran caos reina bajo los cielos; la situación es excelente.’
No hay un déficit de anti-capitalistas hoy día. Incluso presenciamos una sobrecarga de críticas a los horrores del capitalismo: abundan las investigaciones de periódico, informes de televisión y libros best-sellers sobre las compañías que contaminan nuestro ambiente, los banqueros corruptos que siguen recibiendo grandes comisiones mientras el dinero público salva a sus empresas, sweatshops donde menores de edad son sobre-explotados. Tanta crítica tiene, sin embrago, una falla, por muy tajante que parezca: lo que como regla general no se cuestiona es el marco liberal-democrático dentro del cual estos excesos se deben resistir. La meta, explícita o implícita, es regular el capitalismo—a través de la presión de los medios, las pesquisas parlamentarias, leyes más estrictas, investigaciones policíacas honradas—pero nunca cuestionar los mecanismos institucionales liberal-democráticos del estado de derecho burgués. Este sigue siendo la vaca sagrada, que aún las formas más radicales de ‘anti-capitalismo ético’—el Foro Social Mundial de Porto Alegre, el movimiento de Seattle—no se atreven a tocar.
Estado y clase
Es aquí que la visión clave de Marx mantiene su validez, quizás hoy más que nunca. Para Marx, el asunto de la libertad no debía ubicarse principalmente en la esfera política como tal, según los criterios que aplican las instituciones financieras globales cuando quieren pasar juicio sobre un país—tiene elecciones libres? Son independientes sus jueces? Es libre la prensa de presiones ocultas? Se respetan los derechos humanos? La clave de la libertad real reside, por el contrario, en la red ‘apolítica’ de relaciones sociales, desde el mercado hasta la familia, donde el cambio que se necesita para conseguir mejoras efectivas no se trata de reformas políticas, sino de transformar las relaciones sociales de producción. No votamos sobre quién es dueño de qué, ni sobre las relaciones obrero-patronales en una fábrica; todo esto se le deja a procesos externos a la esfera de lo político. Es ilusorio esperar que uno pueda conseguir cambios efectivos ‘extendiendo’ la democracia a estas esferas, digamos, organizando bancos ‘democráticos’ bajo control popular. Los cambios radicales en este área caen fuera de la esfera de los derechos legales…
Íntimamente ligado a la necesidad de des-fetichizar las ‘instituciones democráticas’ está la des-fetichización de su contrapartida: la violencia… El ABC de las nociones marxistas de lucha de clases es la tesis de que la vida social ‘pacífica’ es en sí misma una expresión de la victoria (momentánea) de una clase—la dominante. Desde el punto de vista de los subordinados y oprimidos, la existencia misma del estado, como aparato de dominación de clase, es un hecho violento. De forma similar, Robespierre argumentaba que el regicidio no se puede justificar demostrando que el Rey había cometido algún crimen específico: la existencia misma del Rey es un crimen, una ofensa contra la libertad del pueblo. En este sentido estricto, el uso de la fuerza por los oprimidos contra la clase dominante y su estado siempre es, en última instancia, ‘defensiva’. Si no admitimos esto, volens nolens [querámoslo o no] ‘normalizamos’ al estado y aceptamos su violencia un mero asunto de exceso contingente, El lema liberal estándar—que recurrir a la violencia es a veces necesario, pero nunca legítimo—es insuficiente. Desde la perspectiva radical-emancipadora, debemos invertirlo: para lo oprimidos, la violencia siempre es legítima—pues su condición misma es el resultado de la violencia—pero nunca necesaria: usar la fuerza contra el enemigo o no es siempre una cuestión de consideración estratégica.
En resumidas cuentas, el tema de la violencia debe ser desmistificado. El problema del comunismo del siglo 20 no fue el recurrir a la violencia per se—la toma del poder estatal, la guerra civil para mantenerlo—sino su funcionamiento más amplio, que convirtió este tipo de recurrencia a la violencia en inevitable y legítimo: el Partido como instrumento de la necesidad histórica, y así por el estilo…
La economía cómo ideología
El estado de emergencia económica permanente no significa que la izquierda deba abandonar el trabajo intelectual paciente, sin ‘utilidad práctica’ inmediata. Por el contrario: hoy, más que nunca, uno debe tener en mente que el comunismo comienza con Kant, en el famoso pasaje de su ensayo, ‘¿Qué es Ilustración?’, llamado ‘uso público de la razón’: con la universalidad igualitaria del pensamiento…
Es crucial que hagamos el enlace el empuje hacia la reducción [streamlining] de la educación superior—no sólo a través de la privatización o las conexiones empresariales, sino también en este sentido más general de orientar la educación hacia la producción de conocimiento experto—al proceso de cercar los bienes comunes de la producción intelectual, de privatizar el intelecto general. Este proceso es en sí mismo parte de una transformación global en el modo de la interpelación ideológica. Podría ser útil aquí recordar la noción de Althusser de los ‘aparatos ideológicos del estado’ [Nota de traducción: el filósofo francés Luis Althusser acostumbraba abreviar este concepto suyo con minúsculas: aie]. Si, durante la Edad Media, el aie clave lo era la Iglesia, en el sentido de la religión como institución, len a alborada de la modernidad capitalista se impuso la hegemonía gemela del sistema escolar y la ideología jurídica. Los individuos fueron convertidos en sujetos jurídicos atrevés de la educación universal obligatoria, mientras que los sujetos eran interpelados como ciudadanos libres y patrióticos a través del orden jurídico-legal. Así se mantuvo abierta a brecha entre burgués y ciudadano, entre el individuo egoísta-utilitario preocupado por sus intereses privados y el citoyen dedicado al dominio universal del estado…
Lo que ha sucedido durante la más reciente etapa del capitalismo post-1968 es que la economía en sí misma—la lógica del mercado y la competencia—se ha impuesto progresivamente como la ideología hegemónica…
A nombre de la misma fórmula de ‘menores costos, mayor eficiencia’, funciones que alguna vez fueron del dominio exclusivo del poder estatal, cómo la administración de las prisiones, pueden ser privatizadas; la milicia ya no se basa en la conscripción universal, sino que se compone de mercenarios a sueldo…
Aún el proceso de entablar relaciones sentimentales está cada vez más organizado según las líneas de una relación de mercado. Tal procedimiento depende de la auto-mercantilización: para las agencias matrimoniales o de citas por Internet, las parejas potenciales se presentan como mercancías, listando sus cualidades y publicando sus fotos…
Los imposibles
…En tal constelación, la idea misma de una transformación social radical puede parecer un sueño imposible—pero la palabra ‘imposible’ debería hacernos detener y pensar, Hoy en día, posible e imposible están distribuidos en forma extraña, ambos estallando en exceso simultáneamente. Por un lado, en el campo de las libertades personales y tecnologías científicas, se nos dice que ‘nada es imposible’: podemos disfrutar del sexo en todas sus manifestaciones perversas, archivos enteros de música, cine y televisión están disponibles para descargar, los viajes espaciales están al alcance de cualquiera (por un precio). Existe la posibilidad de aumentar nuestras capacidades físicas y psíquicas, de manipular nuestras propiedades básicas a través de intervenciones en el genoma; incluso el sueño tecno-gnóstico de lograr la inmortalidad transformando nuestra identidad en software que puede ser descargado a uno u otro conjunto de hardware.
Por otro lado, en el campo de las relaciones socio-económicas, nuestra era se percibe a sí misma como la edad de la madurez, en la cual la humanidad ha abandonado los viejos sueños utópicos y milenarios, aceptando los límites de la realidad—léase: la realidad socio-económica capitalista—con todas sus imposibilidades. El mandamiento ‘no puedes’ es su mot d’ordre: no puedes participar en grandes actos colectivos, los cuales necesariamente culminan en el terror totalitario; no puedes aferrarte al viejo estado benefactor, pues te resta competitividad y lleva a la crisis económica; no puedes aislarte del mercado global, sin caer presa del fantasma del juche norcoreano. En su versión ideologizada, el ecologismo también añade su propia lista de imposibilidades, los tal llamados valores de umbral—no más de dos grados de calentamiento global—basados en ‘opiniones expertas’.
…Hoy en día, la ideología dominante aspira a hacernos aceptar la ‘imposibilidad’ del cambio radical, de abolir el capitalismo, de una democracia no reducida a un corrupto juego parlamentario, para invisibilizar lo imposible-real del antagonismo que surca las sociedades capitalistas. Esto real es ‘imposible’ en el sentido de que es lo imposible del orden social existente, su antagonismo constitutivo; lo que no implica que esto imposible-real no pueda ser intervenido directamente, o transformado de forma radical.
Es por esto que la fórmula de Lacan para sobrepasar una imposibilidad ideológica no es ‘todo es posible’, sino ‘lo imposible acontece’. Lo imposible-real lacaniano no es una limitación a priori, que necesita ser tomada en cuenta de manera realista, sino el campo de la acción. Un acto es más que una intervención en el reino de lo posible—un acto cambia las coordenadas mismas de lo que es posible, y así retroactivamente crea sus condiciones de posibilidad. Es por esto que el comunismo también tiene que ver con lo real: actuar como comunista significa intervenir en lo real del antagonismo básico que subyace al capitalismo global de hoy.
¿Libertades?
Pero persiste la pregunta: ¿qué significado tiene tan programática declaración sobre hacer lo imposible, cuando nos vemos confrontados por una imposibilidad empírica: el fiasco del comunismo como idea capaz de movilizar a las grandes masas? Dos años antes de su muerte, cuando se hacía evidente que no habría una revolución de toda Europa, y sabiendo que la idea de construir el socialismo en un sólo país era un absurdo, Lenin escribió:
Y si la absoluta futilidad de la situación, al estimular diez veces los esfuerzos de los trabajadores y campesinos, nos ofreciera la oportunidad de crear los requisitos fundamentales de la civilización en una manera diferente que el resto de los países de Europa Occidental?3
No ha sido éste el predicamento del gobierno de Morales en Bolivia, del gobierno de Chávez en Venezuela, del gobierno Maoista en Nepal? Llegaron al poder a través de elecciones democráticas ‘libres’, no a través de la insurrección. Pero una vez allí, lo ejercieron en una forma parcialmente, al menos, ‘no-estatal’: movilizando directamente a sus partidarios, pasando por el lado a la red representativa partidista-estatal. Su situación es ‘objetivamente’ fútil: todo el curso de la historia está básicamente en su contra, no pueden depender de ‘tendencias objetivas’ empujando en su dirección, todo lo que pueden hacer es improvisar, hacer lo que puedan en una situación desesperada. No obstante, ¿no les otorga esto una libertad única? Y no nos encontramos—la izquierda de hoy—todos y todas en exactamente la misma situación?
La nuestra es pues exactamente opuesta a la situación clásica de comienzos del siglo 20, en la cual la izquierda sabía qué hacer (establecer la dictadura del proletariado), pero debía esperar pacientemente al momento justo de ejecución. Hoy no sabemos qué hacer, pero debemos actuar ahora, pues las consecuencias de no hacerlo podrían ser desastrosas.
Nos veremos obligados a vivir ‘como si fuéramos libres’. Tendremos que arriesgarnos a tomar pasos en el abismo, en situaciones totalmente inapropiadas; tendremos que reinventar aspectos de lo nuevo, sólo para mantener la maquinaria corriendo y mantener los bueno de lo viejo—educación, salud, servicios sociales básicos. En fin, nuestra situación es cómo lo que dijo Stalin sobre la bomba atómica: no apta para quienes padezcan de los nervios. O cómo dijera Gramsci, caracterizando la época que comenzó con la Primera Guerra Mundial, ‘el viejo mundo se muere, y el nuevo lucha por nacer: es el tiempo de los monstruos’.
3V. I. Lenin, ‘Our Revolution’ [1923], Collected Works, vol. 33, Moscow 1966, p. 479.
3 Comments so far
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[...] idea del comunismo. El siguiente párrafo es de la traducción que hiciera nuestra página hermana, Investigaciones Militantes, de unos extractos del más reciente artículo de Žižek, publicados originalmente en Kasama. Lo [...]
Pingback by Zizek y la educación | la isla impøsible October 5, 2010 @ 3:56 pm[...] un artículo reciente publicado en New Left Review, Slavoj Zizek enfatizó que la ideología dominante hoy quiere que [...]
Pingback by El comunismo: una fuerza del presente « investigaciones militantes October 26, 2010 @ 10:33 pmComo vengo diciendo desde el 1974, época en la que comencé a pensar, todos estos análisis están bien.
Pero…
Se olvida que los diversos experimentos hechos en diversos lugares donde ha habido sistemas como el de Evo o el de Chavez, no se ha abandonado la idea de que “quien mas trabaja” “quien mas estudia”.. tiene más derechos.
Igual en Rusia en tiempos del PCUS…
Igual en Cuba desde siempre.
Hay pocas diferencias con el sistema capitalista puro.
No se tuvo en cuenta a Vigotski, ni a Freinet, ni a Freire…
Igual en el socialismo real que en el capitalismo real nuestros niños siguen aprendiendo y les seguimos enseñando desde la idea misma de la competencia…
Nada nuevo surgirá mientras no tengamos en cuenta la manera en la que el humano ordena sus procesos de conocimiento.
Recurrir a esas frases célebres “… no nuevo no acaba de ncer…” estaba bien en el 1945.
Hoy es un recurso retórico – como tantos otros-
Saludos
Comment by victoriano fernandez November 26, 2010 @ 1:11 pmVictoriano